
No, no está conmigo debajo de las sábanas. Eso sería increíblemente delicioso y él nunca me ha deseado de esa manera.
Lo cierto es que es un hábito. Uno que comencé hace algunos meses, mucho antes de comenzar a trabajar para el famoso narrador. Ni siquiera me di cuenta de que el trabajo era con él hasta mi primer día; y para ese entonces, no podía retractarme.
Yo necesitaba el dinero. Él necesitaba una asistente. Ambos necesitábamos dejar de mirarnos fijamente y calmarnos.
Porque su voz en mis oídos es todo lo que tendré.
¿Y ese hombre? Es un placer para los oídos.

















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